Miércoles 18.09.2019
LA CIUDAD

La familia que guarda cola para ver a Rosalía unida, permanece unida

Varias imágenes resumen bien lo que significa hoy el fenómeno musical -¿o extramusical?- Rosalía. La primera un colchón abandonado en el suelo después de cumplir su función para que un grupo de amigos descansasen durante toda la madrugada junto a la Plaza de Toros. Bien es cierto que no el lugar adecuado para dejarlo. Seguramente la Empresa Municipal de Saneamientos tenga algo que decir. La segunda la imagen de Juanjo, el ubedano que consiguió la primera entrada. Se fue turnando con su novia Mar. Y hasta se pidió el día de vacaciones. Trabaja de administrativo en Córdoba. La tercera imagen es la de Carmen. Más moral que el Alcoyano. Era la última de la cola cuando Juanjo consiguió su entrada. Una hora después entraba a trabajar y acababa de llegar. Le pillaba cerca pues es vecina de Ciudad Jardín. En ese momento el final de la cola alcanzaba el principio rodeando la Plaza de Toros. Las taquillas se abrían a la diez en punto.

Unas dos mil personas han pasado la noche acampadas en torno al Coso de los Califas. Gente de todas las edades. Abuelos que turnaban bien temprano a sus nietos. Hijas que daban el relevo a los padres. La familia que guarda cola para ver a Rosalía unida permanece unida. Estudiantes. Amigos y...nuevos amigos. María, una de las primeras, destacaba precisamente eso, que habían conocido a mucha gente durante las horas y horas de espera. Gente que no quería fotos porque "estamos demacrados". 

Mucho cansancio pero ambiente festivo. Varios grupos no dudaban en cantar y bailar algunas de las canciones más famosas de su ídolo, calificada de "leyenda del siglo XXI" por Juanjo, el afortunado de la primera entrada. Sillas de playa de todos los colores sirvieron para evitar el desmayo y servir de particular butaca para echar un sueñecito.

Por la mañana, ya con luz, grupos de jóvenes universitarios sentados en el piso aprovechaban para estudiar con los apuntes y libretas en el suelo. Cualquier momento es bueno y los exámenes se están desarrollando ya en las facultades. Desconocemos cómo tienen fuerzas para estudiar de esa forma tras horas y horas allí. 

Una señora de un grupo de amigos, al conseguir la entrada, dijo "menos mal, estoy aquí desde ayer a la hora de la digestión". Uno de sus compañeros apuntillaba con cerrado acento cordobés "siete digestiones he hecho ya desde ayer". 

A las diez se abrieron las taquillas. Hay que decir que todo fluyó de manera muy ordenada. La cola se dividía cerca de las taquillas en tres, separadas por vallas metálicas. De la parte de la primera cola iban pasando de cinco en cinco. Y de las tres subdivisiones pasaban según recibiera el público la invitación en la taquilla.

Un espectador que hacía fotos indicaba: "Todo esto por una que canta regular, si llega a cantar bien". Otro viandante comentaba: "Porque es gratis". Lo cierto es que la expectación para estas 7.500 invitaciones convertía la zona en un espectáculo. La 1.500 que se distribuyeron por web se agotaron en poco más de 20 minutos.

Pero la cosa no termina aquí. Cuando se escriben estas líneas faltan las invitaciones para el Teatro de la Axerquía, donde se habilitarán grandes pantallas para ver este mismo concierto. No descartamos que haya personas que se queden sin entrada aquí y tengan ánimo para acudir a la otra, aunque no sea lo mismo. De cola a cola y Rosalía que me toca.

 

La familia que guarda cola para ver a Rosalía unida, permanece unida