Viernes 18.10.2019
CULTURA

¿Por qué La Axerquía se levantó al completo en la noche de Rozalén?

Un duende de Albacete, concretamente de Letur, se ha pasado por Córdoba para repartir su magia en forma de polvo dorado y violeta por la ciudad de los califas. Una pequeña hada sin alas, pero de las que hacen sonreír a propios y extraños con su letra, sus ganas de vivir y su química natural con la existencia, que a veces se hace dura y otras, soportable. Con Rozalén, al menos, la balanza se ha inclinado por la alegría, la esperanza y los que tienen una cierta mirada social de la vida.

Esta vez la claridad de las palabras ha sido tal que el mensaje ha llegado alto y claro hasta el último rincón de La Axerquía, como idóneo escenario de uno de los conciertos principales de este año en el XXXIX Festival de la Guitarra de Córdoba. Cuando cantaba Rozalén o cuando hablaba dirigiéndose al público que ayer casi llenó físicamente el teatro, aunque estaba repleto hasta la bandera de ganas de disfrutar, los fonemas eran nítidos y, por tanto, la comunicación fue exitosa, en ambas direcciones, desde arriba en la grada hacia el escenario y desde la sima donde se sitúan los artistas en ese escenario hasta la parte alta del hemiciclo de piedra donde los espectadores reaccionan en uno u otro sentido a lo que les ofrecen, como lo suele hacer la Luna, a la que la artista llegó a saludar en esta noche.

Están siendo dos años de gira, que, según la propia Rozalén, esta punto de finalizar, y, al menos, allí por donde ha pasado, la de Albacete ha dejado caer los tres temas familiares que ha querido plasmar en su último álbum 'Cerrando puntos suspensivos', como son 'El hijo de la abuela', 'Justo' y 'Amor prohibido', aún a sabiendas de que puede haber gente de ésa extraña de narices que dejen de escucharla y de seguirla por absurdos motivos políticos; por supuesto, de los irracionales.

Y ella, extraña a los acontecimientos de Córdoba, lanzó su 'espich' sobre el hermano de su abuela, Justo, que fue el único del pueblo en no regresar de la guerra y que acabó en una fosa común, felizmente localizada en Arganda del Rey para que su hermana, 77 años después, pudiera por fin dejarle una flor y una despedida sentida.

El caso es que tras cantar la canción, el Teatro de La Axerquía se puso en pie, con las luces encendidas y ovacionó a una emocionada Rozalén. Quizá lo que ella no sabía es que a apenas 100 metros a su derecha se encuentra el cementerio de Nuestra Señora de la Salud, donde ahora mismo se están excavando y sacando a la luz los cuerpos de represalias por el franquismo y a más de uno el mensaje le llegó directo al corazón.

Por cierto que el siguiente tema hablaba del amor que se profesaban sus padres, un sacerdote y una joven albaceteña, que dio como fruto a una artista que años después los iba a inmortalizar, con la inestimable ayuda del poeta gaditano Felipe Benítez Reyes, amigo del poeta local Pablo García Casado, en una canción para desnudar el alma.

La clarísima voz de Rozalén no ha dejado descanso a un público entregado desde muy pronto en un prácticamente lleno Teatro de La Axerquía, con temas de siempre mezclados con los que ya no son tan novedad, incluido ese himno contra la violencia machista que es 'La puerta violeta' para casi crear su presencia en Córdoba, y en el que dos niñas sordas se volcaron en la zona alta del teatro, acompañados de sus amigos, para signar palabras que tocan el alma y la dejan vibrando con alerta para tiempos futuros.

Rozalén no descubrió nada nuevo en su concierto, salvo para demostrar que es una profesional como la copa de un pino y se deja arropar por el buen saber hacer de unos músicos (rasta al bajo incluido) que no dejan pie al error en ningún momento.

Ella lo dijo al principio: "Es un concierto para la reflexión, la emoción y, por supuesto, para la diversión". Y esa promesa se cumplió al final de la velada, a tenor de las cantidad de sonrisas que se contemplaban en la salida.

El XXXIX Festival de la Guitarra de Córdoba también ha dejado otros momentos inolvidables con la actuación de Margarita Escarpa a la guitarra clásica y que se estrena en este Festival, en el Teatro Góngora, y el toque flamenco de Paco Cepero en el yacimiento de la ciudad palatina de Medina Azahara.

En su recital, Escarpa interpretó obras de Frederic Chopin, Manuel de Falla, Isaac Albéniz, Claude Debussy, Mario Castelnuovo-Tedesco, Francisco Tárrega, Miguel Llobet, Heitor Villa-Lobos y Roland Dyens.

Por otro lado, dentro del ciclo 'La Guitarra... Nuestro Patrimonio' Paco Cepero llevó a Medina Azahara su 'Tradición', ofreciendo un repaso por su carrera a través de un repertorio que incluye, entre otros palos, soleá, bulerías, seguirillas, alegrías, tangos y fandangos. Lo acompañaron Paco León, como segunda guitarra; Amalia Andújar, al cante; Carlos Merino, percusión, y Sofía Quarinci, al violín.

TEXTO: J. M. COLLANTES.

¿Por qué La Axerquía se levantó al completo en la noche de Rozalén?