Miércoles 18.09.2019
CULTURA

Medina Azahara hace suyo el Festival de la Guitarra de Córdoba para engrandecerlo

Toda la ciudad de Córdoba es un inmenso escenario en el que representar la vida. Un teatro vital en el que la música, la banda sonora de cada una de las cientos de miles de existencias que pasan por esta capital de los califas, se deja oír en cada piedra, en las ondas del río, en las copas de los árboles, en los paseos y avenidas, en esos rincones que te asaltan a cada paso para sorprenderte con una de esas instantáneas que guardas en tu corazón para siempre y también, en esos espacios donde se ha congelado el tiempo y cuesta tanto no admirarse al adentrarse en esas burbujas de eternidades insondables.

Una de ellas es Medina Azahara, que nativos y visitantes están redescubriendo ahora tras su más que merecida declaración patrimonial. El yacimiento puede acoger cualquier evento para transformarlo en acontecimiento atemporal; en un entrañable '¿te acuerdas de...?' perpetuo para contestar con una sonrisa 'y YO estuve allí'. Medina ha hecho suyo el Festival de la Guitarra y ambos detalles tan propios de Córdoba, en benigna simbiosis, han salido fortalecidos del encuentro.

El Conjunto Arqueológico acogió ayer noche un instante de embrujo real, donde canciones de verdad se dejaron oír en lo que fue una inmensa y riquísima ciudad de verdad y no mera leyenda... Justo ahí al lado. El espectáculo 'Las damas de la canción árabe' brilló con luz propia en la noche de la media luna para rendir homenaje a tras artistas de la cultura musical áraba, a través de la voz de la siria Linda Al Ahmad, acompañada al laúd por Hames Bitar.

Umm Kulzum, Fairuz y Asmara supieron utilizar la poderosísima arma que es la música para reivindicar a su manera los derechos de las mujeres en zonas del orbe donde se suelen ocultar bajo capas y capas de tela intransigente. Aunque no siempre fue así y hubo épocas en las que esas palabras acariciaban los oídos más que embrutecer algunas mentes confusas. Las tres fueron importantes entonces y lo son ahora a través de su poderoso influjo.

Al mismo tiempo, pero en el Teatro Góngora, dos maestros de las seis cuerdas con estilos absolutamente diferentes, se dieron la mano, para admirarse el uno al otro en un concierto de os buenos. Un mitin sobre guitarra a viva voz es lo que han ofrecido sobre las tablas del Teatro Góngora los maestros Gerardo Núñez y Ulf Wakenius en el marco del Festival de la Guitarra de Córdoba, un evento nacido para ofrecer recitales como éste, que a veces se solapan detrás de propuestas más conocidas.

No es que hiciera falta público -el Teatro Góngora presentaba una buena ocupación y los oídos prestados al concierto sabían perfectamente dónde estaban-, es que Núñez y Wakenius ofrecieron un concierto magnífico y un ejemplo de fusión de sensibilidades sobre el noble arte de pulsar las seis cuerdas en uno de los principales festivales concebidos para ello en el mundo.

"El diálogo, el discurso", especificaba el guitarrista jerezano Gerardo Núñez al público sobre el significado de su trabajo conjunto con el maestro sueco Ulf Wakenius, 'Logos', un trabajo que construyeron en 2016 para el prestigioso sello alemán Act, y que supuso la confirmación del flechazo que sintieron tocando juntos por primera vez un año antes, con motivo del disco 'Jazzpaña'.

Como en aquel primer encuentro, 'Logos' se cimentó sobre la unión de dos maneras de tocar la guitarra muy parecidas, dotadas, al mismo tiempo, de suavidad, fuerza, complejidad y expresividad, además de la pericia y la ejecución técnica que se presupone a maestros tan dotados como éstos.

El disco acabó siendo reconocido por más de una publicación entre lo mejor de aquel año 2016 y la comunicación fluida entre los dos intérpretes -y el percusionista de Sanlúcar Cepillo, que ejerce de eslabón entre ambos en los citados discos y en el escenario-, se hizo carne de teatros y festivales a caballo entre el jazz y el flamenco.

Así han llegado a Córdoba, al sitio donde, como ha reconocido Núñez durante el concierto, "uno siempre se siente en casa", a un festival que, no solo le ha dado un teatro, sino un curso para explicar parte de lo que esconde 'Logos' en su guitarra a alumnos llegados de todo el mundo para entender mejor el idioma de las seis cuerdas.

El concierto ha sido la guinda del pastel. Arrancó austero, con Gerardo Núñez solitario en el escenario tocando una rondeña, antes de que se le uniera el percusionista y, ya en el segundo tema, Ulf Wakenius y su guitarra acústica con cuerdas de nailon, a las que les extrae un sonido de una robusta calidez flamenca.

Y se pusieron a hablar entre ellos. Unas veces lo hacía más alto Núñez y otras Wakenius, y muy a menudo ambos al unísono, siempre sobre un cajón flamenco que hablaba el mismo idioma que ellos y que se crecía en las bulerías.

También hubo tiempo para los homenajes, como el que Wakenius tuvo para Joao Gilberto, a quien se rindió con una particular, libre y sofisticada mezcla de tres clásicos de la bossa nova.

Fue el número que sirvió para enfilar hacia el final de un concierto que acabó con el percusionista cantando a viva voz mientras Núñez le acompañaba sonriente y el público palmeaba en pie. Todo ello ante el atento reconocimiento del guitarrista sueco, un espectador más del milagro de un idioma único capaz de hacerse entender en cualquier parte del mundo: el flamenco.

Medina Azahara hace suyo el Festival de la Guitarra de Córdoba para engrandecerlo