Viernes 22.11.2019
COFRADÍAS

Miércoles Santo: Entre la valentía y la prudencia

El Miércoles Santo fue un día difícil, muy complicado. Un día para tomar decisiones siempre acertadas, nunca reprochables pues se hacen pensando en el bien, y un día para que las hermandades fueran valientes tanto para echarse a la calle como para quedarse en sus templos con lo doloroso que ello es, echando mano de la prudencia. Y es que la tarde se presentó gris, como llevaba el cielo todo el día. Había previsión de lluvia para última hora de la noche, a partir de las once, y la primera cofradía en regresar a su templo lo había previsto para las doce y diez según los horarios oficiales. Era el Perdón, precisamente una de las cofradías más arriesgadas a la hora de tomar su decisión. Porque optó por salir y completó la carrera oficial y todo su itinerario. Fue la única que lo hizo pero la jornada estuvo incompleta, con hermandades que no salieron: la Paz y Pasión, y con otras que hicieron el camino de vuelta antes de lo esperado sin pasar por la Catedral, como el Calvario y la Misericordia.

Lo cierto es que pese a las malas predicciones meteorológicas y a la incertidumbre que reinó durante toda la jornada, ésta comenzó con muchas ganas en el barrio de Las Palmeras. A las cinco y diez salía la hermandad cuyo mayor patrimonio, aparte del Cristo de la Piedad y la Virgen de Vida, Dulzura y Esperanza Nuestra, es la obra social tan importante que realiza en su feligresía. Un barrio volcado y expectante ante la salida de su cofradía, que iba acompañada por la Agrupación Musical Santísimo Cristo de la Bondad, de Alcalá de Guadaíra (Sevilla). Al traspasar la puerta de sui sede canónica ya se escuchaba ante el paso una voz de mujer. Era la de Gema Fernández, primera capataz de la Semana Santa de Córdoba que mandaba con rotundidad a la cuadrilla de mujeres de esta hermandad, a las que animaba. Pero no solo mandó a mujeres, sino también a la cuadrilla de hombres.

La hermandad, para la que Antonio Bernal está en proceso de tallar una nueva imagen cristífera, estuvo dos horas camino del Centro, y llegó a Miralbaida, pero a las siete de la tarde decidía volver sobre sus pasos y regresar a la parroquia de San Antonio María Claret. Pese a ello, había a esa hora dos hermandades que habían decidido salir también y que seguían su camino con normalidad: el Calvario y el Perdón, que este año celebra el 25 aniversario de su Cristo y presentaba numerosas novedades. Entre ellas las potencias del Señor en plata de ley con baño de oro, así como la túnica de la misma imagen sagrada, a la que se le ha dedicado la marcha 'Rey de los Judíos', que la banda de Coronación de Espinas hizo sonar entre Deanes y Manríquez; también eran nuevas las cresterías laterales del palio en orfebrería siguiendo el diseño de quien ha ideado todo el conjunto del paso: Álvaro Abril. Y María Santísima del Rocío y Lágrimas lucía una saya azul prusia realizada por Antonio Villar con bordados antiguos.

Los pasos iban con flores multicolor: el del Señor del Perdón ante Anás llevaba variedad con orquídeas, rosas y rosas de pitiminí, clavel y craspedias. La Virgen llevaba un original exorno hecho como el de su Hijo por la empresa cordobesa Pinsapo, que se ha encargado de muchos adornos florales de pasos de la capital. En las jarras y el friso se pudieron ver hortensias preservadas, clavel envejecido y rosas empolvadas. En carrera oficial homenajeó esta corporación a la música procesional cordobesa junto a la banda Tubamirum, que acompañaba a la Virgen del Rocío y Lágrimas. De esta forma sonaron piezas dedicadas a imágenes de la capital como 'De Porcelana', 'Spes Nostra Salve', 'Mercedaria', 'Virgen de las Angustias', 'Saeta cordobesa', 'Una oración a la Virgen', 'La Vía Sacra' y 'Lágrimas y Desamparo'.

Cuando el Perdón estaba transitando por los últimos metros del recorrido común estaba a punto de entrar en San Lorenzo, a una hora distinta a lo habitual, Nuestro Padre Jesús del Calvario. Su hermandad había adoptado la decisión de hacer estación de penitencia y salió en torno a las cinco y cuarenta de la tarde, diez minutos después de lo previsto, pero al llegar a la altura de la Cruz del Rastro no continuó por Ronda de Isasa sino que subió por San Fernando para regresar por San Pablo a San Lorenzo mucho antes de la hora a la que tenía que pasar por esas calles y a toda prisa, sin llegar a la Catedral, obviamente.

El Señor del Calvario, que se recogia a las diez menos veinte, había salido de su templo poco antes de las seis de la tarde sobre una alfombra de flores en diferentes tonos morados. Eran jacintos, statice y rosas. Iba vestido de nuevo con túnica completamente bordada de finales del siglo XVIII o principios del XIX que hace más de un lustro le regalaron hermanos tras adquirirla en Bulgaria. Tras el Señor incorporaba este año su cofradía mujeres de mantilla.

La Virgen del Mayor Dolor era fiel a su estilo clásico con conos de clavel blanco en sus jarras siguiendo el sello de la hermandad. Pero lo más destacable de este paso no eran las flores, ni siquiera sus magníficos faroles de cola de plata, sino la disposición de la candelería con la cera. Eran 120 piezas las que se colocaron ante la imagen que mira al cielo, a la que también escoltaban dos de los candelabros de la Virgen de la Cabeza. El dibujo de la cera que era como el de 2018 y que se ha convertido en el más elogiado de los últimos años por los cofrades fue ideado por Alfonso Lozano, hermano de la corporación de San Lorenzo que ha desarrollado una distribución con el objetivo de que las miradas vayan hacia la imagen.

Lamentablemente, nada más salir la Virgen a una abarrotada plaza de San Lorenzo se apagaban los cirios que debían alumbrarla debido al fuerte y desagradable viento que hacía a esa hora de la tarde y que también levantaba las bambalinas frontal y trasera. Amueci interpretó “La Vía Sacra”, de Rafael Wals, como primera marcha y, seguidamente, sonó también 'María Santísima del Subterráneo' por Arroyo de San Lorenzo.

A esa hora ya debía haber salido la hermandad de la Paz, pero su junta de gobierno decidió suspender la estación de penitencia, algo que apenó a muchos cordobeses que por miles veneran a la Virgen de la Paz y Esperanza. Decepción hubo, por tanto, en la plaza de Capuchinos y las calles por las que debía ir la cofradía donde esperaba el público. Un rato después de suspender abrió la hermandad las puertas de la nave desde la que salen los pasos para que tocaran las dos bandas que iban a ir tras el Señor y la Virgen tanto marchas propias de la hermandad  como 'Siempre la Esperanza' y 'Amarguras', que se le iba a tocar a la Paz en San Zoilo por cumplirse cien años de su composición este 2019. Esperaban muchas personas que luego formaron cola para entrar a ver a las sagradas imágenes.

Quienes llegaron hasta la plaza del Cristo de los Faroles pudieron ver al Señor de la Humildad y Paciencia vestido con túnica morada y con un exorno de flores en tonos rojos con fresias, astromelias, rosas, anémonas y amaranthus. La Virgen de la Paz estaba radiante con un paso en el que había orquídeas, fresias, rosas, bouvardia, hypericum y mini calas, entre otras variedades como delphinium, antirrinum y dendrobio en las esquinas. Además, como detalle, en la cera rizada llevaba aceitunas también hechas de cera por ser la flor del olivo, símbolo de la Paz. La hermandad fue la primera en optar por la prudencia en la tarde de este Miércoles Santo, aunque el año que viene se desquitará con más de una salida debido a la coronación pontificia de la Virgen a finales de verano o principios de otoño. La corporación capuchina decidió que las puertas de la nave donde guardan los pasos estuvieran abiertas hasta la hora prevista de la entrada.

Otra hermandad que arriesgó como el Perdón, pero que hizo como el Calvario, volver antes de tiempo, fue la Misericordia. A las siete y veinte inundaban la plaza de San Pedro y Escultor Juan de Mesa los nazarenos blancos formando un serio cortejo con cirios en alto. A su cruz de guía dorada y con los característicos espejos la antecedían un cuerpo de bocinas que anunciaban la llegada de la hermandad. Pasaría rápido hacia la Corredera dejando un buen sabor de boca a los cientos de personas que hacían que San Pedro y la Almagra fueran un hervidero. Porque los cordobeses se habían echado a la calle con ganas de procesiones y abrigados porque el viento era intenso y conforme llegaba la noche iba a más y hacía frío.

El Cristo de la Misericordia llegaba solemne por la antigua calle del Poyo sobre una alfombra de iris morados que también adornaban las jarras doradas como son los dos pasos de esta hermandad. La Banda de Cornetas y Tambores Caído y Fuensanta interpretó en la Almagra 'Cristo del Amor', todo un clásico. Llevaba como es costumbre reliquias de los Santos Mártires que son también titulares de la hermandad de San Pedro, basílica de la que poco después hacía su difícil salida Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo. Rosas blancas quiso la cofradía para su titular mariana a la que acompañaba musicalmente la Banda de Música María Santísima de la Esperanza. Por Escultor Juan de Mesa sonó 'Soleá, dame la mano' y al llegar a la plaza de la Almagra comenzó 'Virgen del Socorro', de Enrique Báez. Y es que, como es habitual, la banda de la Esperanza, que no llevaba este día cornetas, puso la guinda de la bella procesión con un repertorio formado por grandes clásicos sevillanos fúnebres dando también un toque cordobés en varias de las marchas que se tocaron, entre las que estaban las dedicadas a la Misericordia por Francisco Melguizo y Dámaso Torres.

La última hermandad que debía salir a la calle era Pasión y también decidió suspender la estación de penitencia mucho rato antes de la hora de comenzarla. La viveza de los colores de las flores de las calles del barrio del Alcázar Viejo servían de contrapunto al color del cielo esta tarde. Y este año tuvieron que ir los vecinos y devotos a la parroquia de Nuestra Señora de la Paz (San Basilio) a visitar a los titulares, situados ante el altar mayor y para los que sus nazarenos hacían turnos de vela. El Señor de Pasión que suele ir con clavel rojo o iris morado llevaba este año un calvario de rosas rojas de gran tamaño. La Virgen del Amor, por su parte, iba exornada con rosas, orquídeas e hypericum en blanco, flores que están siendo muy habituales esta Semana Santa en otros palios.

Llevaba en la calle central de la candelería la Virgen un Ángel de la Guarda con el niño de la mano realizado en plata por Manuel Valera y que ha regalado la Asociación de Veteranos y Amigos de la Policía Nacional de Córdoba Arcángel Azul, formada por agentes en activo, policías jubilados y amigos de este Cuerpo de Seguridad del Estado que tiene su comisaría en la feligresía de San Basilio y que acompaña escoltando a los pasos de la hermandad de Pasión. También en el paso de la Virgen del Amor, San Juan Evangelista, que la consuela, llevaba un nuevo nimbo o resplandor en plata sobredorada con piedras engastadas y que ha sido regalo del Grupo Joven.

Mientras muchos cordobeses visitaban templos o asistían a las recogidas tempranas de Calvario o Misericordia, que entraba a las diez y media de la noche, la única hermandad que seguía su recorrido previsto era el Perdón, que subía la calle San Fernando para llegar por Claudio Marcelo, la Compañía y Barroso a San Roque antes de la hora fijada. A las once y cuarto comenzó a chispear pero fue poca cosa que no afectó a la única hermandad a esa hora en la calle, la del Perdón, con la que terminaba un Miércoles Santo atípico y muy incierto además de frustrante, pues no se suspendían procesiones este día por lluvia desde 2013 y lo cierto es que la tarde y las primeras horas de la noche pasaron sin lluvia de importancia aunque conforme avanzaban las horas también lo hacía el riesgo según las predicciones.

FIRMADO: Álvaro Baena

Miércoles Santo: Entre la valentía y la prudencia